Los perros de mi novia

Tuve una vez una novia que tenía dos perros. Una perra que era como una abuela, y un perro que ladraba siempre que alguien entraba a la casa.

No importaba quien llegara a casa, el repartidor de amazon, la vecina de enfrente, yo, otro perro, o incluso su dueña. Estoy seguro que si el perro entrara por la puerta, se ladraría asimismo.

El caso es que era un perro muy tranquilo. Pero gruñía y ladraba durante un par de minutos hasta que se aburría el solo. No había manera de hacerle callar.

¿Por qué ladrará tanto ese perro? Me pregunto un día mi novia.

Pues es muy sencillo.

Cuando no se tiene nada que hacer, nos buscamos algo que hacer.

Lo he visto en prisiones, en el confinamiento, en retiros espirituales, en las salas de espera, en el bus …

Los perros vienen genéticamente programados para estar en alerta y ladrar a los intrusos. Poco se puede hacer para luchar contra esos instintos.

En el caso de los humanos, mirar el móvil y sacarse mocos son las primeras estrategias para tener la mente distraída.

Y aunque ansiemos el ocio, el vacío nos hace sentir muy incómodos.

¿Por qué crees que los cruceros están repletos de actividades?

¿Por qué crees que en la radio nunca hay silencios?

¿Para que sirven las conversaciones de ascensor?

Para rellenar vacíos, llenar huecos, inundar los silencios.

Si estar contigo mismo a solas te da pavor o necesitas hablar, quizás te interese tener una sesión conmigo.

¿Sabes qué es un masaje psicológico?

Escríbeme y te cuento.

dime@albertobenegas.com

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